¡Quiero ser madre!

La reproducción asistida no pone límites a quien desee ser madre o padre y da la oportunidad de que se creen familias de todo tipo
¡Quiero ser madre!

Ser madre es el mayor anhelo compartido por muchas mujeres pero no siempre es fácil conseguirlo. En ocasiones este sueño se ve truncado por diversos agentes que intervienen, como son la salud o los factores sociales y laborales, que dificultan esta ardua tarea. Por este motivo, cada vez son más parejas heteroparentales, lesbianas y madres solteras las que acuden a las consultas de centros de reproducción asistida como Accuna para cumplir su sueño.

Demanda en aumento

El hecho de que haya aumentado la demanda de tratamientos de este tipo se debe principalmente a causas laborales, económicas y sociales, que han propiciado que la maternidad se postergue. Lo que ha estimulado que en España hayan nacido 34.000 niños por técnicas de reproducción asistida, según el último informe publicado por la Sociedad Española de Fertilidad (SEF).Es el caso de estas cuatro parejas que cuentan cómo consiguieron ser padres mediante reproducción asistida. Ejemplos que se pueden hallar en la sociedad actual, donde conviven distintos tipos de familia y «a ello ha contribuido la reproducción asistida», apunta la doctora Baviera, directora médica de la clínica de fertilidad Accuna, quien considera que «cada pareja es un mundo, aunque cada vez hay más mujeres que quieren ser madres en solitario y no están solas gracias a los avances en reproducción asistida, lo que les permite disfrutar del regalo maravilloso de la maternidad».

Laura y Sergio consiguieron un embarazo por fecundación in vitro
Laura, que llevaba dos años intentando concebir un hijo con su marido Sergio y después de varios intentos de fecundación in vitro, al fin, lo consiguió. «Al principio es durísimo porque no crees que vaya a funcionar y pierdes la esperanza, pero en la clínica siempre te reconfortan con mensajes de optimismo para que no te desmoralices», señala Laura.

Silvia y Héctor, fase de negación y posterior inseminación artificial con semen de donante
Silvia y Héctor no lo tuvieron más sencillo. Después de un año intentándolo sin éxito, decidieron ir al médico para saber si presentaban algún problema de fertilidad. «Cuando nos hicieron las pruebas descubrimos que él tenía un problema, lo que nos dejó completamente hechos polvo», explica Silvia. Al principio pasaron por la fase de negación, no lo creían. «Pero tras unos meses desesperantes recuperamos la compostura y analizamos todas las alternativas que teníamos a nuestra disposición, hasta que nos decantamos por la inseminación artificial con semen de donante», relata Héctor. Tomada la decisión, probablemente la más importante de sus vidas, se sintieron esperanzados y, al final, tras varios intentos Silvia se quedó embarazada de Raúl, que ahora tiene dos añitos.

Elena y Carlos, obligaciones laborales y estrés
No mucho más dispar es la historia de Elena y Carlos, que también llevaban años deseando ser padres. Pero el trabajo como comercial internacional de ella le obligaba a viajar mucho y a vivir un estrés abrumador que no le permitía lograr su ansiado positivo, por más que lo intentaba. «Llegué a replantearme mi oficio y a buscar alternativas, pero al final convencí a Carlos para que pidiéramos ayuda y gracias al estudio de fertilidad que nos hicieron descubrimos que tenía problemas en el cuello del útero».

Marcos y Sara
Al igual que ellos, muchas parejas sufren el mismo problema y precisan de ayuda profesional como es el caso de Marcos y Sara, que estuvieron años intentando tener un hijo. Con 36 años ella y él rondando la cuarta década de la vida, vieron truncadas sus esperanzas cuando le comunicaron a Sara que tenía baja la reserva ovárica y que la mejor opción para lograr el embarazo era la donación de óvulos. 
«Al principio me desmoralicé. Había soñado durante mucho tiempo con la carita de mi Inés, el nombre que ya habíamos decidido para nuestra hija y, de pronto, te dicen que tienes que recurrir a una donante de óvulos. Es muy duro, la verdad», exclama Sara. Pero Marcos, su marido, se mostró algo más optimista con la valoración y le demostró que lo importante era conseguirlo, daba igual el método, si al final el resultado era tener una preciosa familia. 
Un mes después de acudir a la clínica, llegó el día. Nerviosos, como es natural, decidieron confiar en la tecnología y depositar todas sus esperanzas en ella. Ahora con Marc en camino, piensan que estaban listos y que fue la mejor decisión. «Aquella donante anónima nos dio la vida. Encontramos todo lo que buscábamos y ahora no podemos sentirnos más felices. Aunque por el momento no hayamos conseguido nuestro sueño de tener una familia numerosa, no descartamos la posibilidad de volver a recurrir a la reproducción asistida para tener a Inés y así completar la pareja», exclaman.

Raquel.
Durante los últimos cinco años el número de mujeres que decide ser madre soltera ha aumentado un 200% y 1.500 mujeres se someten al año a tratamientos para lograr su propósito. Como, por ejemplo, Raquel, que tomó la decisión de ser madre sin contar con su novio y acudió a un especialista en fertilidad. Su caso representa una tendencia cada vez más presente en las unidades de reproducción asistida de España, mujeres que desligan la maternidad de la vida en pareja, aunque la tengan. «Él tenía tres niños de una relación anterior y ya no quería más», rememora.
A Raquel le recomendaron una opción de la que no había oído hablar nunca, ser madre a partir de adopción de embriones. Y aunque la idea no le seducía al principio, muy pronto empezó a encontrarle ventajas.

Eva María.
Fundadora del espacio «Creando una familia» y autora de varios libros que tratan sobre la reproducción asistida vivida como paciente, su objetivo fue crear una familia y al no tener un cónyuge tuvo que recurrir a la ciencia. Concibió a su primer hijo, Rodrigo, por inseminación artificial con semen de donante. Siete años después a los mellizos, tras una docena de transferencias y una inseminación fallida, optó por la adopción de embriones.